
La mal disimulada presencia, en el país de gurues nacionales e importados, ha generado un auge local por estos manejos y se aplican rituales hasta para las cosas más nimias. Pero hay un desencuentro con la realidad, donde el ciudadano de a pie se viste de deseos por darle inicio a tiempos nuevos mientras por otro lado se usan artilugios misteriosos para concederle permanencia a lo que aun tenemos.
Es cuando se recurre a la magia.
Y se hace por doquier, soterradamente desde los intricados y escondidos círculos hasta los más o menos conocidos personajes o grupos brujeriles que se dedican a ello. Sea para gozar de beneficios individuales o grupales, para ejercer el poder o para evitar que se ejerza, para obtener logros o impedirlo, para encontrar pareja o dejarla. Cualquier objetivo es bueno a los ojos de quienes tienen esta orientación, usualmente, desconociendo las nefastas consecuencias de su acción. No les quepa la menor duda.

En el país se abren expectativas para la solución de los problemas que vienen haciéndose eco uno tras otro pero ahora con el apoyo de brujos, videntes y hechiceros. Unos conocedores de oficio otros sencillamente comerciantes de ello. Pero en ninguno de los casos los resultados son siempre los deseados aunque así lo parezca, pues no puede pretender un pastor que ha vapuleado severamente su perro que éste permanezca inerme sin que, más temprano que tarde, éste le haga sentir su repudio y descontento mordiéndole la mano que antes le dio de comer. Y aunque un brujo se disfrace de pastor para atraer las bondades de un perro, la intuición de éste siempre detectará lo que se oculta tras las pomposas vestiduras con las que se cubre el encantador seductor del animal.
Aquel hace hechizos, el perro a través de su sabiduría innata, detecta la realidad.
Y aunque son tiempos de magia, el can no la necesita.
Sin embargo, debemos admitir que, para el hombre, es a través de ella que históricamente se han manejado personas, sociedades, pueblos, países. La Venezuela actual no es una excepción, perteneciendo como corresponde a una comunidad donde la realidad se trasluce desde los principios mágico místicos de sus ciudadanos, sincretizados con los religiosos.
Se busca a quien se considere el mejor y vaya recomendado como infalible, se arriesga a incursionar en lugares que no se suele frecuentar tan solo por aquí vive esa persona que todo lo puede, se compran los ingredientes para elaborar el ritual que finalmente dará tan solo resultados aparentes y, a veces, ni eso.¡Què desepciòn!

Por ello, en estos días, se inserta en el hombre una suerte de tiempo de retiro, tiempo de reflexión y reencuentro con ilusiones abortadas, otras apenas germinando y las menos, cumplidas. Es como volar en alas de los sueños que antes tuvimos y esperábamos ver completados ahora pero que las circunstancias, bien individuales, bien grupales, no siempre lo permitieron.
Entonces ofrecemos poner todo nuestro empeño en que ¡ahora sí! y nunca faltara quien te diga que conoce a alguien verdaderamente capaz de predecirte la perspectiva que tomará tu vida, decides visitarla, creyendo que ahora eso es lo más indicado.
Pero la magia es sabiduría ancestral y, si quien funge de conocedor no la ejerce, ella no tiene asidero, quienes pregonan ser sus maestros sólo son sus siervos, porque al final de los finales, tan solo serán un hechicero vestido de p astor, que aun no sabe, que el verdadero maestro es aquel a quien vio como can.
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