Hechos de mujer Radio y TV ::: Hechos de mujer con Rina Hernández :::

miércoles 28 de mayo de 2008

Regresión por Enza Scalici

El tema de las regresiones a vidas pasadas siempre despierta curiosidad y aprensión a la vez. En general, pocos tienen información veraz al respeto, por ello muchos mitos han surgido alrededor de esta práctica.
Las regresiones son repasos de nuestras anteriores encarnaciones, para buscar lazos que las unen a la vida actual, y encontrar explicación a cosas que de otra forma no la tienen. También es una forma de ver la trayectoria de nuestra alma, y tratar de averiguar hacia donde nos dirigimos en el presente, teniendo siempre como objetivo ampliar nuestra conciencia.

A través de las regresiones, puede observarse como nuestro presente está inevitablemente ligado con acciones (acertadas o no) cometidas en vidas anteriores. Es posible que arrastremos recuerdos profundos de tragedias, muertes, enfermedades, fracasos, suicidios, pérdidas, divorcios etc. que, sin darnos siquiera cuenta, afectan nuestro proceder presente. Al descubrir esta dinámica oculta, es viable tomar medidas efectivas para romper estos patrones, y mejorar considerablemente nuestras relaciones actuales y en general, nuestra vida entera.

¿Qué son y como funcionan las regresiones?
Para comprender el mecanismo curativo, es necesario tener claro el proceso reencarnatorio. Nosotros somos almas que, a través del tiempo y de las numerosas encarnaciones, hemos ido afinando nuestro espíritu, evolucionando, en mayor o menor medida, cada vez que dejamos este plano físico. Antes de volver a nacer, preparamos un plan donde decidimos cuales aspectos trabajaremos para seguir progresando, y para ello escogemos el entorno, las condiciones económicas y los personajes que nos ayudarán a tener este aprendizaje. Es un poco como escribir el libreto de una película para su grabación. Una vez en este estado humano, sin embargo, y oculto todo este diseño por el velo del olvido, entra en juego el libre albedrío, que puede hacernos desviar del mismo. Nosotros mismos decidimos quienes serán nuestros padres, hermanos, hijos, en fin, todas las personas con las cuales nos relacionaremos en la futura encarnación, así como situaciones, encuentros, momentos en que éstos se darán, etc. Un plan completo, diseñado para trabajar aspectos necesarios para nuestro progreso espiritual. Si en vidas pasadas fuimos autoritarios y represivos, por ejemplo, venimos a trabajar el respeto al libre albedrío de los demás. Con certeza, la persona a la que estuvimos reprimiendo reencarnó a nuestro lado, tal vez invirtiéndose los roles (por ejemplo, si fue nuestro hijo, ahora puede volver como nuestro padre), y nosotros, por medio de esta nueva oportunidad, debemos realizar este aprendizaje, ojo, no viéndolo como karma, sino precisamente como aprendizaje.

Si en una encarnación anterior alguien nos hizo daño, volvemos a nacer escogiendo tener cerca a esta persona, con la intención de trabajar el perdón, y él (o ella) su parte correspondiente. Se puede dar el caso que esta persona nazca como hijo, de allí que a veces ciertos padres sientan algún tipo de inexplicable rechazo por uno de sus hijos. Evidentemente, si el que hoy es nuestro vástago, en una vida pasada fue un opresor, en el alma quedó grabado el recuerdo, y ¿cómo no sentir recelo, si nos ligan inconscientes lazos de miedo hacia este ser? Sin embargo, no podemos saber qué está pasando, si no recordamos nuestras vivencias anteriores. Lo mismo puede suceder con los sentimientos de fracaso y abandono. El aferrarnos desesperadamente a una pareja que ya no nos quiere, puede ser un resabio de relaciones pasadas, donde el patrón recurrente fue el abandono. O el pensar siempre en forma negativa, puede esconder la inconsciente evocación de desengaños recurrentes. También hay dolores físicos a los cuales la medicina no les encuentra una explicación lógica, y sólo son recuerdos muy profundos de heridas sufridas en otras encarnaciones.
Otro aspecto a tener en cuenta, son las situaciones repetitivas. Si en el transcurso de nuestra vida nos encontramos en un mismo escenario una y otra vez, evidentemente ahí hay algo que debemos trabajar, y mientras no lo hacemos, este patrón seguirá repitiéndose.
Revivir traumas pasados y removerlos, dándole su justa dimensión, es la única forma de superarlos y enfocarnos en mejorar nuestro presente.

Uno de los mitos relacionados con las regresiones, es el peligro de quedarse “enganchados” en una vida anterior, y no poder volver a la actual. Nada más lejos de la verdad. Como acostumbro explicar en las consultas, una regresión es como ver una película de algo que ya pasó. Imagínese la grabación de su último cumpleaños ¿Hay peligro de que, al verla, se quede atrapado en ella? Trabajando con relajación profunda, más no con hipnosis, la mente conciente del paciente siempre está presente -si bien como observador-, siempre tiene el dominio de la situación, y puede decidir en todo momento si seguir enfrentando los recuerdos, o interrumpir la terapia. Al finalizar la sección, recordará de principio a fin la experiencia vivida.

En mis años como terapeuta regresionista, he asistido casos fascinantes de reencuentros familiares o de parejas, preparados con la finalidad de sanar contextos de injusticias, y he visto como mejoran las relaciones del paciente con su entorno, solamente con repasar antiguas experiencias, por medio de las cuales entendieron el por qué de los erróneos patrones de comportamiento actual. También he observado curaciones “milagrosas” solo con revivir situaciones anteriores, donde se toma conciencia de la raíz del padecimiento.

Sería absurdo afirmar que las regresiones, tanto a la parte de la infancia como a vidas anteriores, son la panacea para curar todos los males, pero sí son una valiosa herramienta para resolver muchas situaciones gravosas que no tienen explicación lógica en nuestra vida actual, para adquirir más seguridad y una nueva perspectiva de futuro.Para mayor información Teléfono (0416) 309-86-93

Etiquetas: ,

domingo 11 de noviembre de 2007

La edad de las mujeres, por Enza Scalici.

Desde siempre, desde que era una jovencita, me ha llamado la atención ver que, en general, muchas mujeres adultas esconden su verdadera edad cronológica, declarando menos años de lo que tienen en realidad, llegando a defender esta posición con ferocidad, si es necesario.
¿Por qué lo hacen? Me preguntaba.
Se puede comprender esta actitud en las artistas. Son mujeres que deben cuidar esmeradamente su piel y cuerpos, sus energías están enfocadas al cuidado personal, y así parecen detener el tiempo, obligada por el medio en el cual se desenvuelven. Pero en general, muchas representantes del sexo femenino declaran, (cuando se ven obligadas) menos años de los que tienen en realidad.

Con el paso de los años, jamás sentí la necesidad de alterar mi edad. A los veinte aceptaba con naturalidad mi juventud, a los treinta, la plenitud como esposa y madre, a los cuarenta, la felicidad de ver a mis hijos adultos y comenzando a independizarse, previendo para mí un futuro lleno de actividades que no había podido realizar hasta entonces… y que comencé y sigo realizando ahora, en la plenitud de mi madurez.

Hoy, con estas reflexiones basadas en la experiencia, llego a comprender la tristeza que delata este miedo, pues en la mayoría de los casos, esconder su verdadera edad no es simple coquetería femenina, sino un intento de encubrir fuertes emociones negativas.
La tristeza de la edad la provoca el sentimiento de vacío que algunas mujeres llegan a experimentar. Su percepción inconsciente (o tal vez consciente) es sencilla: estoy envejeciendo, y no he obtenido lo que anhelo (una familia, un cargo importante, cierta posición en la sociedad, etc.) por lo tanto me niego a aceptarlo. Si creo ser más joven de lo que soy en realidad, le escondo a los demás, y sobre todo me escondo a mí misma, la frustración por no haber llegado donde siempre soñé, pues así hago creer y creo que todavía tengo mucho tiempo por delante.
Traducido en otras palabras, de esta manera se intenta disfrazar la percepción, muchas veces errónea, de un fracaso.
Pero este miedo no se manifiesta solo al esconder la propia edad, sino en burlas sobre la de las demás.

Todas las mujeres del mundo, unidas en una coalición, deberíamos ayudarnos y defendernos, y sin embargo, en muchos casos, no hay peor enemigo que otra mujer. Las pullas sobre nuestra edad las escuchamos de bocas femeninas, nunca de labios masculinos, en un patético intento de ocultar sus propios miedos.
Psiquicas Martha Rosenthal y Enza Scalicci

Analizamos un poco el asunto. Una mujer joven no bromea con la edad de las demás.
A lo sumo, manifiesta espanto al proyectarse en un tiempo futuro, que siempre le parece lejanísimo. ¿Por qué? Precisamente porque es joven. Desconoce las aprensiones experimentadas por otras más maduras, por lo tanto ni piensa en ironizar. La que se burla, por lo general tiene sólo pocos años menos que el objeto de su burla, y está expresando su propio miedo, sin darse cuenta de hacerlo. Si te ridiculizo, es porque estoy en posición de hacerlo, piensa, soy joven, me falta mucho para llegar a tener tu edad.

Este sentimiento de vacío lo provoca el no saber ver los pequeños-grandes momentos de felicidad que nos regala cada día nuestra vida, por esto algunas mujeres sienten que no han vivido, que no están viviendo, y sueñan con cosas mejores.
Si esta es tu realidad, amiga lectora, llegó el momento de realizar un cambio drástico, de apartar la tristeza y aprender a ver la belleza de un atardecer, la hermosura de un campo después de un día de lluvia o en última instancia, el brillo de las pocas docenas de estrellas que puedes divisar desde la ventana de tu cuarto. Observa con atención los primeros pasos que da tu hijo, pues nunca más se repetirá este momento, y atesora este recuerdo porque hará parte de tu bagaje de experiencia. Siéntete plena con tus triunfos diarios, teniendo presente que triunfo no equivale a fama. Triunfador es toda persona que desempeña con dedicación y amor una tarea que le guste, ya sea la realización de un experimento químico, la preparación de un pastel de fresa, la poda de un árbol o el escribir un libro. Triunfador es aquel que desempeña bien su labor, con alegría y satisfacción, gozando mientras lo hace, sintiendo la importancia de lo que está haciendo, grano de arena en la inmensa playa de la vida.
Entonces, si hemos hecho bien nuestra labor, si día tras día hemos triunfado en nuestra esfera, sea cual sea ésta, ¿Por qué deberíamos sentir este vacío y este sentimiento de fracaso? ¿Por qué el paso del tiempo debería hacernos sentir mal?

“La felicidad no es una estación a la que se llega, sino una manera de viajar” escribió alguien, una hermosa frase que debería hacernos reflexionar.
Felicidad no es ocupar la silla presidencial, sino ver el apoyo que recibimos en el camino para llegar a ella, comprender el amor que encierran los sacrificios realizados por las personas que nos ayudan, el pensamiento que nos quía sobre lo que haremos una vez sentados allí.
Felicidad no es solo los pocos instantes que dura un orgasmo, sino todo el amor que derrocha una pareja durante largos minutos de juegos y caricias para poder llegar a ello.
Felicidad no es solo juventud, sino las vivencias experimentadas en este tránsito, las semillas que hemos plantado en el camino hacia la madurez, la percepción de que alguna de ellas brota, el cariño con el cual nos reciben los amigos, la certeza de haber sembrado amor y de haber actuado con justicia y recoger todos los día los frutos de nuestra actuación
Hay que rendirle homenaje a la feminidad, a nuestra privilegiada condición de mujeres, pero sin hacer de ello un fetiche en pos de una ilusión equivocada. Ponernos ropa bonita, arreglarnos con esmero y gozo por el gusto de sentirnos bien con nosotras mismas y frente a los demás, más no con la intención de querer ser lo que ya no somos. Escondemos nuestras canas, si sentimos la necesidad de hacerlo, sin por ello creer que con esto el tiempo puede dar marcha atrás, pues el momento presente está lleno de hermosos momentos típicos de esta etapa.
La juventud tiene sus ventajas, pero la madurez tiene otras, por lo tanto, aceptémonos como somos con el paso del tiempo, y sobre todo, hagámonos aceptar por los demás, sencillamente sin tratar de mostrar una imagen de juventud que no nos corresponde ya.

Así que, amigas mías, si tienen cerca alguna mujer que se burla, abierta o solapadamente, de vuestra edad, no se molesten ya por ello. Comprendan los sentimientos de la otra, comprendan su vacío interior, su necesidad de aferrarse a una ilusión, pues se trata de una persona digna de ser compadecida de corazón.
Enza Scalicci
Psìquica Tarotista
Nùmero de contacto:
(0416) 309-86-93

Etiquetas: ,